Autoestima: el maravilloso arte de amarse.

Autoestima: el maravilloso arte de amarse.

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El maravilloso arte de amarse.

La baja autoestima es como conducir por la vida con el freno de mano puesto. M. Maltz

Vivimos de acuerdo a una cultura en la que resulta cada vez más importante adaptarnos y responder al estereotipo de individuo que cumple con las expectativas del entorno, aunque esto implique renunciar en todo o en parte a nuestra esencia.

¿Qué nos empuja a atender a todos los juicios y a todas las críticas sin importar de quiénes vienen?

¿Qué nos motiva a compararnos todo el tiempo con los demás de un modo peyorativo o soberbio?  ¿Qué es esa necesidad de ser aceptado/a siempre por todas las personas y en todos los ámbitos?

Cabría suponer que todo ese “sacrificio” personal para ser reconocido, amado y admirado por la sociedad del consumo y de la exigencia nos convierte como por arte de magia en personas felices. No obstante, y paradójicamente, cumplir sin chistar con las expectativas ajenas renunciando, adaptando, o acotando nuestro potencial únicamente a ello, suele generar frustración, angustia, tristeza y sabor a nada.

¿Y si los demás no esperan nada de nosotros? ¿Y si desde pequeños nuestro mundo cree que somos incapaces de conseguir algo?

Es probable que, aunque triste, terminemos actuando en consecuencia; vale decir, que nos acostumbremos al no aplauso y a no destacar, pues al final, nadie espera nada grandioso de nuestra parte y nosotros nos hemos convencido que tampoco nos corresponde. Vivimos y creamos nuestra realidad según lo que creemos de nosotros mismos.

Ahora bien, para reencontrarnos con nuestro verdadero yo, con nuestro verdadero potencial y reconectarnos con nuestras verdaderas pasiones, son necesarios algunos pasos fundamentales, entre ellos:

1. Darnos cuenta. Hacer consciente lo inconsciente.

Todos tenemos una imagen mental (distorsionada o no) de quiénes somos, qué aspecto tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles. Ese concepto de nosotros mismos es algo aprendido a lo largo de nuestra vida, mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotros.

Pero claro, todo ello ocurre de manera inconsciente, sin que nosotros podamos llevar un registro de eso. Así es que a lo largo de nuestra vida, cada pequeña vivencia se va alojando en nuestra mente y va automatizando nuestros comportamientos y acciones. Es a lo que habitualmente llamamos “vivir en piloto automático”. Tenemos una o varias máscaras detrás de las que nos protegemos; máscaras que al llevar tanto tiempo con nosotros y al activarse y repetirse de forma tan natural (inconsciente), las hemos incorporado como ciertas, como parte de nuestra personalidad. Sin embargo, nada más lejos de nuestra identidad.

2. Dejar de etiquetar y de etiquetarnos.

Esa idea que tenemos de nosotros mismos y de los demás. Afirmaciones tales como “Soy tímido/a” “Soy brutalmente sincero/a” “Tengo miedo a los cambios” “Nunca podré lograrlo” “Esto no es para mi” y un sinfín de etcéteras, hacen que poco a poco se vayan incorporando a nuestra manera de ser y a la óptica con la que juzgamos a los demás y viceversa.

Estas etiquetas, lo único que hacen es trabajar en el arte del refuerzo. Pensemos que si cada día nos convencemos sobre que algo es imposible para nosotros, seguramente terminará siendo imposible, porque nuestra mente ya no trabajará a nuestro favor para ayudarnos a superar los obstáculos, sino por el contrario, nos inundará de excusas para darle soporte a ese -no logro-, a ese -no puedo-, o a ese -no es para mi-.

3. Confiar en lo que somos.

Dejar de condicionarnos según la percepción de nuestra experiencia. Esto quiere decir que sentimos, pensamos y actuamos según lo que creemos, según lo que percibimos que ocurre.

Por ejemplo, si alguien está a punto de entrar a una entrevista de trabajo y observa como los entrevistadores sonríen al verle, podría condicionarse según lo que percibe que ocurre: si se trata de personas seguras, seguramente asociarán esta situación a un gesto de cordialidad; si en cambio son personas con falta de confianza en sí mismas, tomarán esa misma actitud como burlesca.

Ahora bien, entendiendo que uno actúa según lo que piensa y siente, ¿cómo crees que condicionarán esas apreciaciones a unos y a otros mientras se desarrolla la entrevista?

Quererte, valorarte y animarte a brillar.

Puede que no nos gusten cosas de nosotros; es posible que a muchos nos gustaría tener una personalidad más carismática, un status social más relevante o una estabilidad financiera más cómoda que nos permita proyectar más, pero esta forma de plantearnos las cosas sólo nos hace centrarnos en nuestros NO y en nuestras disconformidades, sustentadas en la más arbitraria percepción (propia y ajena) que hemos ido creando a lo largo de nuestras vidas.

Cuando entendamos por fin que la autoestima es la que nos impulsa a actuar, a seguir adelante y la que nos motiva para perseguir nuestros objetivos, entonces estaremos preparados para conectarnos con nuestra identidad, con potencial para crear nuevas y mejores oportunidades, y nuevas y más saludables relaciones.

Todo ello, a partir de:

  • Clarificar lo que quieres.
  • Descubrir quién eres, más allá de lo que crees.
  • Revisar tus creencias.
  • Tomar conciencia de las máscaras que has creado y que ocultan tu identidad.
  • Maximizar tu potencial y capacidades personales.
  • Eliminar esa obsesiva necesidad por la aprobación ajena.
  • Elevar tu autoestima, repararla o construirla.

Experimenta lo maravilloso que puede ser quién quieres ser.

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